Lonesome whistle blues

Una mujer con sombrero como el cuadro del viejo Chagall, como un tango: sentimental y cursi.

me gustan los chocolates con avellanas, el vodka, el brandy, el whisky, los buenos libros, un papel y un lápiz, pintar, gritar, la musiquita a todo volumen y en general todo aquello que sirve para aligerar el pensamiento.
Siempre estoy lista para sacudir este cuerpecito que es como una caja llena de cuchillos flotando en alcohol y sangre. Todos los que meten las manos en la oscuridad de mi mente, salen marcados. Es como si llevara por allá adentro una flor hambrienta, o algo así.

Rhiannon.

Esta es la despedida más trágica que hemos tenido. 
Creo que ahora las cosas definitivamente no van, se acabaron. Somos almas perdidas y no encontramos nuestro way back al lugar donde pertenecíamos.
La gente me mira raro por tener botas negras, falda escocesa roja y abrigo negro que me llega a las rodillas, escribiendo en mi libreta negra como mi alma y un lapicero moviéndose a su velocidad máxima. 
Mis uñas rojas representan perfectamente mi corazón sangrando.
Uno de los peores dolores es este: afrontar la huída inevitable, determinante. 
Son mis errores; mi mente jodidamente débil, mi alma enamoradiza y mi cuerpo deseoso. Son tentaciones del demonio, una vez lo miras a los ojos él te mira a vos también, te devuelve la mirada con momentos que están puestos para ser rechazados porque solo nos llevan a conocer lugares y tiempos oscuros. 
Supongo que llevo lo malo dentro de mí, aferrándose a mi piel como un animal con garras, que no me suelta.
Pensé que él era como yo, que se sentía atraído por la oscuridad, pero me equivoqué; él era la oscuridad. 
El corazón mío es un mar oscuro lleno de secretos. 
Matarnos hasta que nos olvidemos. 
*fleetwood mac*

confesiones dinámicas.

Esto se lee de tres formas: Completa, solo lo tachado o solo lo que no está tachado.

Flaco: Fernando:

No he podido despegarme del todo de tu recuerdo, tal vez me hacés más falta de la que deberías. Estoy muy bien sin vos, ya casi ni te recuerdo. «deber», hablando de deberes, no debiste habernos abandonado, yo me quedé aquí con tu recuerdo y vos te fuiste. Las clases van bien, tengo demasiado tiempo libre y lo estoy utilizando muy bien, creo yo. Yo sigo imaginando un mundo que no es real, porque el mundo real es para quienes no pueden imaginar algo mejor, y yo sí puedo, pero junto a vos. Ando derramándome en letras que gritan mucho amor . Ando escribiendo, pero no para vos, si no en general, textos de amor.  ya que el mío está frustrado. Sabés que siempre me gusto escribir sobre eso, y se me da muy bien porque estoy maldecida con el sentimientalismo, la melancolía y la nostalgia. Apesar de eso todo va de maravilla, a veces te pienso un poquito más de 10 canciones, me apoyo en tus cartas para terminar de sacar el agua con sal de mis ojos y poder sonerír otra vez. Mis días a veces se tornan un poco monótonos pero no te imaginás la cantidad de cosas que estoy haciendo diferentes, ya no me importa la soledad. Estoy en una dinámica jartísima pero es la que utilizo para sacarte un poquito de mí, porque por si no lo sabías te enterraste como un cuchillo en la parte inferior del mediastino medio, entre el segundo y quinto espacio intercostal, del lado izquierdo. Aprendí a disfrutarme a mí, así como lo estaba haciendo antes de que llegaras, en ese diciembre, a darme luz y apagarme otra vez. Todavía le tengo miedo a las alturas. Te juro que me dolés como nunca, incluso más que antes, pero me muero de miedo y me niego a aceptarlo, solo mis manos saben que así es. No sé cuándo vaya a dejar ese miedo de caer por ilusionarme, creo que nunca. Me he caído tantas veces, y con vos han sido tan fuertes esas caídas, que no sé si quiera volver a romperme de nuevo. Extraño demasiado ser yo misma con otra persona, vos sabés que me conociste tan bien que me podías tocar el alma con tus dedos y con tus besos y con tu mente. A veces, como es usual, caigo en un mar negro y me acuerdo de mi papá, y me pongo a escuchar Louis Armstrong y a llorar más fuerte, y quisiera llamarte y llorarte a vos que solo te quedás ahí, perplejo, con tus ojos abiertos y grandes como dos lunas llenas, callado, lo que siempre necesito en esos momentos. Pero hay que seguir adelante, y creéme que lo hago día a día, aunque te recuerde y me dolás, yo sé que yo también a vos, así sea un poquititititico, y sé también que te acordás de mí. Esos momentos me llenan de nostalgia, de juro. Ahí es donde más te quisiera tener, pero me niego a hacerlo. En estos días me puse a escuchar canciones que me acordaban a vos, y a nosotros juntos, y no te negaré que se me aguaron los ojos bastante. Al menos te tengo en vídeos de Apulo, y me pongo a ver tu sonrisa y la mía y eran de verdad, y me llena de felicidad eso, hasta me hace sonreír. So easy to look at, so hard to define, my sweet virgin angel, sweet love of my life. Jueputa, no sabés todo lo que me dolió escuchar eso. La cantabas tan del alma, que creí que sería así para toda la vida. Te he escrito mil veces probando a ver si funciona la telepatía con vos, pero ese libro que te he escrito todas las noches No funciona, te recuerdo constantemente, aunque podés pasar fuera de mi cabeza por horas enteras, casi que por días, y no me entero de eso. Al final siempre regresas, en forma de hot dog con solo mostaza, o en forma de salmón con huevos, de frutos rojos, de poema de Rimbaud diciéndome: «ton goût de framboise et de freise, o chair de fleur!»  y me acuerdo del primer libro que te dí y la frase que te puse, seguramente ni lo leíste.  Espero que vayás de maravilla. Ojalá todavía te duela mi recuerdo,  tanto como a mí el tuyo. 

Te mando un beso. Que estés bien.  Te mando un beso; mentira, te mando mil besos por todas partes mi amor, sentite bien que todavía te los doy con un poquito de amor, ojalá te quemen.

La flaca de siempre.  Tu flaca.

conversaciones internas en noches externas viendo la gente bailar.

- no te frenés a escribir, no ves que si no lo hacés bien no importa. 

- no se trata de hacerlo bien o hacerlo mal, se trata de si le escribo un poema corto, una fantasía de 10 páginas, una novela con nuestra historia pero que haya pasado en otro país, o en otro mundo, si le hago un rap tipo Eminem así bien sentido, o si dejo quedo quieta la mano. Es que vos no entendés nada.

- Sí entiendo, obvio entiendo. ¿no ves que yo vivo aquí también?

- ¿y qué pasa que vivás acá también?, como si el dolor físico fuera lo peor.

- no importa, no creás que soy un ser aparte de vos, yo también sentí eso, ese man nos pobló a las dos, no solo a vos.

-sí pero la desalmada aquí sos vos, ¿no viste que ya tenés más espacio?, me quede sin nada.

-dejá el drama Daniela. Más bien andá a bailar un rato.

-Prefiero bailar en la intimidad de mi cuarto, con esa música que no ponen acá un twist and shout así bien chévere, además todo el mundo esstá muy mal, muy tomado, ni coordinan sus cuerpos y mis neuronas están haciendo cortocircuito, de verdad necesito escribirle.

-no lo hagás.

-¿por qué?, ¿tan malo es rendirse?

-sí, no lo hagás.

-vos no tenés sentimientos.

-vos tampoco, estamos juntas en esto; acordáte.

amor en Woodstock de arrugas.

Agosto 05 2013

Isabella:

Han pasado tantos años que no confío en tu habilidad artística (esa que llevás en las venas) para reconocer mi caligrafía, ya rota y temblorosa por los años. Aún no me olvido de vos, no creás.

Soy malo para las matemáticas; pero siempre conté las noches ausentes sin vos a mi lado.

Todo ha ocurrido de improviso, como es normal en nosotros. Quiero primero contarte qué ha sido de mi vida todo este tiempo. No sé si viste mi película alguna vez.  Quiero que te pongás gafas y sigás leyendo esta carta, que no deben ser las mismas gastadas color rosa que conocí cuando tenías 20 años. Probablemente ya sabés quién soy, tu militar favorito, tu gato de las 20 noches, tu LSD de los tres días, ¿te acordás, Isa?

Debés estar abriendo esos ojos grandes negros que tenés y en los que me perdí.

Recuerdo aquellos días del 69, que hoy parecen tan lejanos pero que aún puedo tocar con la punta de mis dedos. Espero que hayás cumplido la promesa de pintarnos a nosotros dos en un lienzo más grande que vos, mientras escuchábamos esa banda que no habíamos pasado por nuestros oídos pero que tanto nos gustó, Keef Hartley Band. 

Recuerdo que era un día soleado, sábado 16 de agosto. Eran so de las 12:00 del día, y yo estaba solo, caminando por ese pasto mezclado con tierra de la noche anterior, producto de la lluvia. Andaba con mis botas color café de tu pelo, pero de tu pelo en la raíz, por debajo de la nuca, oscurito. Mis pantalones sueltos, y mi camiseta larga y de colores un poco psicodélicos, y unas gafas más grandes que yo. Mi maletita estaba arrastrándose junto a mí y a mi pereza y me pareció ver un pelo largo, ondulado, café mezclado con naranja «¡un pelo naranja!, esto tiene que ser efecto de las drogas, maldita sea», pensé yo. Me acordé de que tenía poca plata en mis bolsillos ya, que debía parar la locura, me aparté de vos por un segundo, pero volví a mirar a la chica de top salmón que combinaba a la perfección con sus labios tan naturales y brillantes. Recuerdo que estabas pesada, esa maleta verde oliva que cargabas era más grande que vos, que vos y yo juntos, que el escenario, que el mundo. No sé cuántos papeles doblados tenías ahí metidos, calculo mal que eran unos 120. Estabas sonriente y aún no te dejabas ver la mirada, tenías unas gafas pequeñitas amarillas ya un poco gastadas, como vos.

Pasaba gente alrededor tuyo y vos solo gritabas no sé cuántas cosas. Me acerqué a vos como por impulso, y dejé la pereza y la maletita atrás. Me ignoraste y desde ahí te odié. Pero al final te volteaste y me dijiste ‘’dame lo que querás por alguna de estas pinturas y habrás hecho la mejor obra social del mundo, y además, por tener ese pelo medio rojito y crespo te presento a Jimi Hendrix cuando toque’’, inmediatamente te bajaste a la altura del lunar de tu mejilla las gafas, y me hiciste un guiño raro. Nunca supiste picar bien un ojo. Fui en busca de mi maletita y saqué algo que tenía, te lo di y no me tomé el trabajo de ver lo que habías pintado ahí, cogí uno de los cientos de papeles que tenías doblado y no me tomé el trabajo de abrirlo, supongo que eso te molestó porque empezaste a caminar alejándote de mí. Quedé extasiado, debo decirte. Y luego lo supiste, Isa.

Pasaron como dos horas y te volví a ver, sonaba they live the life de Quill y te volví a ver, pero más perdida entre la gente, sentada en tu maletota verde oliva. No conocía a nadie y me parecías linda así que me acerqué. Hablamos y me contaste que eras de Colombia, que te viniste escapada del mundo a vender tus pinturas para poder ganar algo de dinero para sobrevivir dos semanas en Estados Unidos, «estaba harta de esa hijueputa cotidianidad de Medellín» lo dijiste sin mayores escrúpulos, me enamoré de vos. Eras tan espontánea, el viento de golpeaba la cara y te movía esos crespos flojos que tenías, ¡y que sí eran naranjas de verdad! Pasaron muchas horas y yo seguía sin saber tu nombre. Sonó Soul Sacrifice y nos volvimos unos locos, Woodstock boogie fue un viajesote junto a vos, mujer de pelo bonito. Te dije que estaba esperando con ansias a Grateful Dead y vos me dijiste que querías ser como Janis Joplin, sonreímos y te di un besito en la mejilla, pude sentir el calor de vos en este instante. La música sonaba y no paraba, era maravillosa, se sentía genial junto a vos. Sentí que teníamos más química que la del colegio, y que liberábamos más energía que una bomba nuclear. No hablábamos, solo habían ganas y seducción. Me miraste mientras cantabas, ‘’ honey, i want, i want my whole life to be lived with you, babe, that’s what i want oh, was to be, living and loving you’’ y te creías Janis Joplin, lo juro. Me reí de vos y de tu inocencia. Nos dormimos un rato, cansadísimos, vos sobre mí, te sentí mía por primera vez, te quitaste tus gafas diminutas y te vi esos ojos negros que combinaban con tu mirada intimidante. Nos perdimos un rato y nos despertó la energía de  Pete Townshend tocando en su guitarra My Generation. Nos paramos como si nos estuviéramos quemando, y así era, nos quemaban las ganas de mordernos los labios. Me contaste que te llamabas Isabella y me pareció que era un nombre bastante poético aunque en realidad no lo era, y nunca lo fue, pero quería verte de esa manera. Max, te dije que era mi nombre, que vos eras Colombiana, sí a lo sabía, que yo era de Estados Unidos y te mentí, era de Buenos Aires, y me pillaste, condenada. «acá qué van a hablar de vos», me lo dijiste con la misma seguridad que Jorge VI por fin logra en su discurso en the king’s speech. Nos bailamos todas las de Jefferson Airplane y te canté en mi mente somebody to love. Te confieso que moría de ganas por tirarme encima de vos y darte un beso con esa canción de fondo, venía planeándolo desde hace meses cuando supe que me iba a escapar de esa guerra estúpida de Vietnam a la que me habían obligado a ir, y me vendría para acá y luego me largaría a Buenos Aires a cumplir mi sueño de estudiar cine. Pero no lo hice, tal vez porque no era el momento, porque me daba miedo que me dejaras tirado, con mi pereza y mi maletita.

Quería que fuera mañana ya para que saliera Jimi Hendrix a cantar Izabella, y ahí sí te la iba a cantar al oído.

Fueron días inolvidables, Isa. Soñamos juntos mil planes de inmediato y cumplimos 998. Tres días y 500 noches junto a vos.

Te besé en Joe Cocker, fue el primerito en salir y esa noche había soñado con vos y mis labios, y Joe Cocker de lejitos viéndonos y diciendo ‘’you both look good’’, todos nos miraban y empezaban a cantarnos a vos y a mí. Dejáme soñar, Isabella, vos sabés que le hago escenas a todo en mi vida.

Te besé con los cafés, el agua, las pepas, las tripas y todo lo que tenía en mi estómago y se revolcaba en las circunvoluciones de mi cerebro. Te besé con las ganas que tenía reprimidas hace un día cuando te vi ser tan libre y tan vos vendiendo tu arte para poder vivir, por tener ese naranja redondeando tu cara, invitándome a un trago junto a vos, tus ojos negros que me gritaban que te arrancara la vida en ese beso. Los cerraste y yo los abrí, quería ver tu éxtasis mezclándose junto al mío, las ganas eran inevitables.

‘’izabella, girl, i dream about you every night every night, hey, girl you know we got a war got a war to fight’’.

Te pienso en este instante reclamándome, «¿por qué escribís sobre eso, Facundo?, es algo que nos pertenece a los dos y ya, a los recuerdos, dejáme en paz con eso.» Y la verdad es que no sé, llevo todo este tiempo tratando de responder esa pregunta, pero al final digo ¿por qué no?. Es que te vi otra vez después de tanto y enloquecí. Hoy, sin proponérmelo, hablé de vos en no sé cuántas oportunidades, para mí mismo, y para mi gato (porque pude comprármelo). Me resultó rarísimo que después de 44 años te viera caminar como si nada, con esa batita de flores que tenías puesta hoy. Y no es que no me acuerde de vos, lo hago con mucha frecuencia, pero no lo había hecho tanto en un mismo día, porque te vi. Hoy te vi. Te supe reconocer entre tanta gente alborotada y acelerada, y entre tantas arrugas, porque seguías siendo la misma mariposa libre que volaba sin miedo de las miradas opacas.

«quedáte acá conmigo una semana, y luego nos vamos, yo pa’ Medellín y vos pa’ tu Buenos Aires, pero quedáte» y quién le decía que no a esa piel blanca tuya. Lo demás te lo dejo a tu memoria.

Te busqué un par de veces, te juro, pero fue imposible encontrarte. Tal vez no te convertiste en esa pintora famosa que querías ser, pero seguramente nunca renunciaste a tus colores. Nunca dejé de amarte, y de ausentaste por años de mi vida, pero volví a verte en el parque hoy a eso de las seis. Ibas fresca y te seguí. Perdonáme lo imprudente, quinto piso edificio Giovanni Boldini, ¿cómo hiciste para conseguirte un edificio con nombre de pintor impresionista?, ¿lo mandaste a construir, loca de ojos negros?

Escribí miles de monólogos con tu nombre, con tu físico. Hice las escenas más maravillosas, con tu cuerpo sedoso y perfecto. Logré publicar una película ‘’las tres noches del verano’’ pero no estuvo muy famosa. Me quedé solo esperando algo que nunca iba a llegar, y llegó hoy: vos.

Te mando 44 besos, uno por cada año lejos. Escribíme pronto, estaré esperando.

Facundo.

me derramé en el óvalo de sus brazos. Eran fuertes, me apretaban como apreta la luna al sol a las seis. 

Un día como todos: aburrido, negro pero con sol, vuelto mierda como yo.

No es tan mala idea salir a caminar un rato por ahí, darle de comer a las palomas que no están y que me digan loca por tirar maíz al piso. Seis: hora favorita del día, el viento soplaba tan fuerte que mi pelo (ya cortado) se movía al mismo ritmo de las hojas de los árboles que me rodeaban en ese parque al que pocas veces visitaba. Ese día parecía estar más lindo que antes, todo estaba más lento y claro. Bajo el efecto de la cocaína que para mí representaba su recuerdo. Me encuentro con este tipo otra vez: alto, flaco, y un poco desarreglado. «O me calmo un poco o se me quiebra el coco», pensé. Nos aproximamos a la velocidad de 299.792.458 m/s. Ahí, ya estaba pasando, yo en sus brazos, como al inicio. El viento ya no me movía nada porque la presencia de él me cubría el alma, no me picaba el pelo en el rostro, levanté la mirada y vi su cara; borrosa. Sentí seguridad, la inevitable. ¿era de nuevo él? 

Nos sentamos en la banquita de madera del fondo a unos 15 pasos del sendero. Me comentó sobre sus días, sobre su vida, sus pasatiempos. Le hablé de que solo la imaginación contiene la poesía. Esa fuerza instintiva y salvaje, destinada a volverse violenta contra la naturaleza misma que nos estaba rodeando ese día de febrero. Nos estábamos conociendo, sin saber que ya sabíamos todo del otro. Conexión que llaman.

Estaba tan feliz que mis grandes dientes de conejo se dejaban ver sin pena ni sollozos. Lloré. Lloro yo.

Sos tan real, que aparecés ahí y en mi realidad.

Se fue caminando a pasos lentos, ladeados, y se quedó mirándome, desde lejos, en contrapposto como el David.